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El Impacto alimentario de Hidrosogamoso

Néstor Joaquín Mendieta Cruz - 11 de ago/2009  
Es muy probable que, hoy en día, el enfoque dominante de la Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) sea aquel que la vincula con la condición económica de las familias y el acceso al empleo.

Es muy probable que, hoy en día, el enfoque dominante de la Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) sea aquel que la vincula con la condición económica de las familias y el acceso al empleo. Incluso, el primer punto de los objetivos de desarrollo del milenio, uno de los trabajos más invocados al momento de hablar de desarrollo humano, deja ver la influencia que este enfoque tiene en el abordaje contemporáneo de la SAN.

A pesar de su innegable importancia, desde este enfoque se tiende a desconocer la relación entre la alimentación y el territorio para inclinar el tema de la SAN hacia el acceso a ingresos y empleo. De este modo, proyectos de alto impacto, como la represa del río Sogamoso, tienen la posibilidad de ser presentados como una solución al problema alimentario regional ya que, supuestamente, con los apoyos económicos que recibiría, la población podría acceder a mejores empleos y, por lo tanto, cualificar su condición alimentaria.

Sin embargo, alimentarse es un hecho sensiblemente más complejo y las implicaciones del desalojo de los pobladores de la zona en cuestión no deben ser tomadas con tanta ligereza. Como lo demuestran muchos trabajos, la alimentación está inextricablemente ligada al desarrollo de la cultura de un pueblo y a la manera como éste ocupa el territorio que habita. Alimentarse es el producto de la adaptación activa al territorio que, durante décadas, desarrolla una comunidad para satisfacer el conjunto de sus necesidades alimentarias y nutricionales. No solo se refiere a los alimentos en sí mismos, sino a todos los elementos productivos, comerciales, éticos y estéticos que dan cuerpo a la identidad alimentaria local y regional.

Allí se incluye el reconocimiento de los elementos propios del territorio y que intervienen en el proceso alimentario: semillas e insumos para la producción, pies de cría, ingredientes para las preparaciones culinarias, elementos para la fabricación de utensilios y materias primas que servirán como combustible para los procesos de cocción. Pero no solo se trata de la extracción de elementos del territorio para la provisión de los alimentos sino también de los trazados viales utilizados para el intercambio de productos y la infraestructura para el abastecimiento. Así mismo, sobre el territorio también tienen lugar las relaciones económicas que permiten el acceso a los alimentos. Allí se establecen los lazos de confianza que permiten obtener mercados a crédito o incluso el acceso solidario a los comestibles. En pocas palabras, el ser humano, establece una serie de relaciones simbióticas con el territorio que ocupa que se manifiestan plenamente en su cultura alimentaria.

Y, justamente, la cultura alimentaria es un elemento fundamental de protección de las personas ya que funciona como una guía para la toma de decisiones alimentarias cotidianas. Con base en la cultura alimentaria la persona y la familia desarrollan los hábitos que les posibilitarán mantener su vitalidad. De hecho, los estudios demuestran que las dificultades por las que pasan muchos migrantes y el desconocimiento de los productos que se encuentran en sus nuevos contextos llevan a estos colectivos a sustituir hábitos saludables de sus lugares de origen por conductas menos sanas y que provocan obesidad. En ese sentido, Ngo de la Cruz, de la Asociación Española de Seguridad Alimentaria y Nutricional (AESAN), subraya que “los hábitos alimentarios constituyen parte fundamental de la cultura y la gastronomía es lo último que se pierde en un proceso de integración”.

Dicho de otro modo, si un grupo humano es desarraigado del territorio que habita, como ocurriría con las comunidades afectadas por el proyecto de Hidrosogamoso, lo que va a perder en realidad es el nicho en el cual hace vida su cultura alimentaria. Y, literalmente, su destino será un deambular desorientado por otros ambientes alimentarios en los que correrá altos riesgos de subalimentación y malnutrición. Y, tan fuerte es su cultura alimentaria que primero se adaptará a un nuevo vestido, a una nueva vivienda o a un nuevo idioma que a una nueva dieta.

Por esa razón, el desarrollo de una huerta casera familiar, a cargo de las mujeres, en el que las especies a cultivar se seleccionarán con base en las recomendaciones de un especialista, como lo propone ISAGEN, es una propuesta de mitigación irresponsable e indignante. Desde su enunciado, se desnuda el desconocimiento de la cultura alimentaria local, del proceso histórico mediante el que se forjaron los hábitos alimentarios de la población y, sobre todo, el desconocimiento de los efectos reales del desarraigo sobre el proceso alimentario de los seres humanos.

Pero, además, también hay que decir que, desde la perspectiva alimentaria, las comunidades no están aisladas unas de otras. A partir de su vocación productiva, una comunidad se puede convertir en la fuente de abastecimiento de un pueblo vecino o cercano. Para el caso de Hidrosogamoso, es indudable que, como lo afirma ISANGEN, la pérdida de la producción agrícola de la zona que se inundaría no afectaría en lo más mínimo a Bogotá y seguramente tampoco a  Bucaramanga ya que, esta producción sería suplida por la de otros lugares del país. Pero ¿se conoce acaso lo que puede ocurrir con las comunidades vecinas? ¿Con los pueblos y corregimientos cercanos a la zona inundable?

La evaluación del posible impacto alimentario de Hidrosogamoso brilla por su ausencia y, ni la empresa beneficiaria del proyecto ni las autoridades públicas están asumiendo con responsabilidad este tema tan delicado para las familias y personas que habitan en ese territorio. Si realmente se asumiera una actitud responsable las acciones que deberían desarrollarse para evaluar el impacto alimentario tendrían que ser al menos las siguientes:


-    Realizar la recuperación de la memoria alimentaria de las comunidades afectadas con el fin de develar su cultura alimentaria e identificar los orígenes y soportes de sus hábitos alimentarios.
-    Con base en estos estudios, describir las relaciones alimentarias entre el territorio y  la población y  estimar los efectos alimentarios y nutricionales que devendrían del desarraigo.
-    Elaborar los estudios de Canasta Alimentaria Básica en los municipios y zonas afectadas de manera que puedan determinarse las listas de alimentos básicos de cada población.
-    Con base en estos estudios, identificar la forma de acceso a los alimentos básicos que tienen las familias de la región y con ello estimar el impacto del proyecto sobre la dieta habitual de la población afectada.
-    Finalmente, los resultados de estos estudios deberán ser entregados a la población para que sea ella quien determine si, a partir de su salida de la región, puede aspirar a una vida mejor o si, por el contrario, se verá enfrentada a una aventura incierta e indeseable.


 

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