Noticias
Nuevas y viejas reflexiones sobre las represas del Madeira
Marco Octavio Ribera - LIDEMA - 22 de oct/2008Marco Octavio
Ribera A. (especialista ambiental del LIDEMA-Bolivia). Octubre 2008
Impactos a
los ecosistemas
Las represas
del Madeira al funcionar con turbinas de bulbo y dada la topografía
de la región, no generarán grandes reservorios o lagos como las represas
de caída en zonas montañosas. Esto significa que el efecto de la inundación
una vez instaladas las infraestructuras, se extenderá a lo largo del
complejo de los ríos Madeira-Beni-Mamoré–Madre de Dios-Itenez, afectando
inicialmente los ecosistemas de playas y terrazas fluviales de las cuencas
bajas de estos ríos, posiblemente hasta el paralelo 13. Las primeras
afectadas serían las comunidades ribereñas que habitan cerca de los
cursos de los ríos. Con el efecto de las crecidas de la época de lluvias
el impacto se tornaría más severo, ocasionando que las aguas desborden
las terrazas e invadan las planicies adyacentes. Las inundaciones “normales”
de la llanura del Beni, progresarían hasta los primeros meses de año,
momento en que se produce la “bajada” de las aguas, las cuales se
acumulan en la zona norte de Bolivia, ocasionando recurrentemente inundaciones
severas. Bajo la acción de las represas y con un nivel de río ya crecidos
por el efecto del embalse, los impactos de esta “bajada” de aguas,
al finalizar la época de lluvias, será posiblemente desastrosa.
Si es un período afectado por el fenómeno Niño o Niña, los efectos
amplificados ocasionarán un desastre jamás visto en esa región de
la Amazonía.
De forma más
detallada los efectos de las inundaciones tendrían las siguientes características.
Los efectos de la inundación alta, producto del embalsamiento,
afectará de forma directa los sistemas de playas y barrancos de los
grandes ríos, eliminando en amplios tramos los procesos de sucesión
ribereña y las comunidades de vegetación pionera que prosperan en
dichos sectores (Allan, 1995). Muchas especies de aves y reptiles serán
afectadas, por ejemplo los procesos reproductivos de las tortugas de
agua (Podocnemys expansa y P. unifilis) pueden verse seriamente
afectados (Switkes y Bonilha. 2008). Los efectos en la biota limnológica
pueden ser progresivamente devastadores, lo que incluye toda la cadena
alimenticia que culmina en los grandes peces de los ríos amazónicos
(denominados localmente surubies, chuncuinas, generales, toros, tucunarés,
etc.). En opinión del experto hidrobiólogo Paul Van Dame, las repercusiones
de las represas darán lugar a profundos cambios indeseables en la ecología
limníca de la cuenca amazónica en general.
De la misma forma,
esta inundación alta y permanente, afectará también amplias zonas
de terrazas ribereñas medias y altas, las cuales bajo condiciones normales
soportan inundaciones cortas o anegaciones eventuales durante crecidas
extraordinarias. Bajo el sistema de inundación permanente producto
del represamiento, estas terrazas permanecerán bajo aguas permanentes
o de inundaciones inusualmente muy prolongadas. Igualmente, las zonas
de llanuras adyacentes a los bosques ribereños (p.e. Beni, Madre de
Dios) o de galería (caso Mamoré) que reciben aguas por el desborde
de los cursos durante el pico de las inundaciones estacionales y pueden
permanecer anegadas desde algunas semanas hasta tres o cuatro meses,
comenzarán a soportar inundaciones más prolongadas y severas, en algunos
casos, posiblemente hasta permanentes. En cuanto a las zonas de
desembocadura de los grandes afluentes (Beni, Madre de Dios, Guapore),
el río principal con sus aguas crecidas por el efecto de las represas,
actuará “taponando” o produciendo un endicamiento de las bocas
de salida, lo cual ocasionará una subida de las aguas a lo largo de
los afluentes (en especial hacia la cuenca baja o de unión) y una anegación
anormal de terrazas y planicies adyacentes.
Al producirse
la inundación estacional promediando la época lluviosa (enero-febrero)
las aguas que bajan de los grandes ríos con nacientes cordilleranos
(Beni, Madre de Dios, Mamoré) comenzará a verse retenidas por el efecto
de embalsamiento de las represas, el cual será mayor, lo cual incrementará
los flujos hacia las llanuras adyacentes, pudiendo incluso producirse
reflujos (correntadas de aguas que temporalmente suben). Bajo situaciones
de las lluvias extremas producto de los fenómenos Niño –Niña, y
alteraciones relacionadas con la oscilación de la zona de convergencia
intertropical (ITCZ), las lluvias agigantadas intensificarán el proceso
de rebalses e inundaciones anormalmente prolongadas.
Los largos períodos
de inundación, hasta anegaciones casi permanentes, ocasionarán efectos
en la dinámica de los ecosistemas, los cuales se traducirán inicialmente
en la condición de los suelos y la composición de la vegetación.
En condiciones naturales, las secuencias de formaciones de vegetación
tropical en las llanuras, van desde las zonas más altas llamadas “terra
firme” o “alturas”, las cuales corresponden a terrazas altas antiguas
(interiores o alejadas de los cursos actuales) en las cuales prosperan
bosques altos con emergentes gigantescos, sotobosques abiertos, muy
ricos en especies y abundancia regularmente alta de palmeras. Sitios
similares se encuentran en las partes más altas de las terrazas de
los cursos activos o actuales, en las cuales por lo general existen
asentamientos humanos y zonas agrícolas. Estas partes altas solo soportan
inundaciones en situaciones extraordinarias y en general no prolongadas.
En las partes intermedias de esta secuencia se encuentran zonas más
bajas y sujetas a inundaciones mas frecuentes y que pueden durar varias
semanas, donde prosperan bosques de inundación estacional; las aguas
de inundación pueden ser blancas u oscuras. Estos bosques son altos
a medianos, ricos en palmeras y especies. A medida que las condiciones
de inundación se hacen más drásticas, altas (varios metros) y prolongadas,
es decir hacia las zonas más bajas o bajíos, prosperan bosques de
tipo varzea e igapo, la abundancia de especies se reduce y prosperan
determinadas comunidades vegetales con especies más adaptadas a las
condiciones de drásticos períodos de inundación alta. En general
son bosques más pobres y “oligárquicos” o monótonos, es decir,
dominados por pocas especies, la riqueza de palmeras se reduce y prosperan
rodales de la palma real o “buriti” (Mauritia flexuosa)
adaptada a suelos de prolongada o permanente inundación. En las zonas
de bajíos permanentemente inundados y con suelos hidromórficos, prosperan
formaciones de bosques pantanosos muy bajos y densos, pobres en especies,
con ausencia de palmeras (salvo manchones de palma real) pero ricos
en lianas.
A medida de que
las inundaciones anormalmente altas y prolongadas cubran zonas
que antes no recibían dichas presiones o solo de forma muy eventual
y extraordinaria, se irán produciendo efectos modificatorios drásticos.
Las zonas de bosques pantanosos se tornarán eventualmente en pantanos
de herbáceas y ciperáceas, en tanto que los bosques de inundación
por la anegación permanente (ya no estacional) pueden tornarse en formaciones
de bosques pantanosos o simplemente desaparecer. Incluso las zonas de
boques de alturas en terrazas antiguas o actuales, pueden llegar a permanecer
bajo aguas de anegación por períodos prolongados y hasta permanentes,
convirtiéndose paulatinamente en “bosques de inundación” o en
el peor de los casos de tipo pantanoso. Los cambios no serán
desde luego inmediatos, más bien lentos y progresivos, pero en un lapso
de unos 20 o 30 años ya podrán notarse cambios significativos.
En muchas zonas, muchos grandes árboles, incluidos los de castaña,
“morirán en pie” por efecto de la disfunción radical por reducción
de oxigenación del suelo y podredumbres asociadas. También se producirán
cambios en la vegetación, incluso a corto plazo, debido a la alteración
o eliminación de los sistemas de micorrizas del suelo.
Uno de los efectos
más severos será la reducción de la biodiversidad en general, estos
bosques con suelos sujetos a largas o permanentes llenuras, tenderán
en general a la “monotonización” o predominio de unas pocas especies
mas adaptadas, sin duda la riqueza de palmas disminuirá severamente
incluso desde un inicio, todo esto ocasionando un derrumbe en cadena
de la biodiversidad de los ecosistemas (aves, mamíferos, insectos,
etc.), un colapso devastativo de la riqueza natural a gran escala.
Impactos sobre comunidades
y espacios socio-culturales
En opinión de
Gilberto Cervinski, de la dirección nacional del Movimento
dos Atingidos por Barragens (MAB), las mega-obras hidroeléctricas (Madeira
o Xingu) van dejar un legado de mucha exclusión social y muy poco empleo,
estas industrias electro-intensivas son empresas de alta tecnología
y automatizadas. Las personas de estas regiones son expulsadas, pierden
sus fuentes de renta y pueden tener como destino las favelas.
Existen opiniones que difieren al respecto. Hay expertos que opinan
que los efectos colaterales o indirectos de una obra de la dimensión
de las represas del Madeira, a veces pueden ser peores que los directos,
y se relacionan con la construcción, mantenimiento y funcionamiento
de la misma (por ejemplo, establecimiento de los caminos de acceso,
campamentos de construcción, líneas de transmisión de la electricidad)
y el desarrollo de las actividades agrícolas, industriales o municipales,
fomentadas por la represa. Al respecto, el cietífico Cohn-Haft del
INPA, menciona: "Uma vez que você
tem grandes projetos que estão empregando gente, atraindo gente de
outras partes do país, encorajando investimento, agricultura, agropecuária,
rapidinho a área toda é colonizada,
é desmatada, é convertida permanentemente”. Es posible
sin embargo, que ambos procesos se den de forma simultánea, con lo
que el impacto social total es en realidad mucho mas elevado.
Al respecto, en octubre del 2007, los datos del Sistema oficial de detección
de deforestación del IBAMA, indicaban que en setiembre de 2007 las
áreas devastadas sumaban 295 km2 contra un total de 42 km2 registrados
en el mismo mes del 2006. La zona más afectada es la limítrofe con
Bolivia entre los municipios de Guajará-Mirim y Costa Marques. De acuerdo
con la oficina de Fiscalización del estatal del IBAMA en el estado
de Rondonia, las imágenes satelitales muestran que se formó un "arco"
de deforestación debido a la actividad económica como explotación
maderera, venta ilegal de tierras y asentamientos de agricultores. Los
fiscales del IBAMA consideran que el problema se agravó con el anuncio
de construcción de dos represas hidroeléctricas sobre el río Madeira
y porque ahora son las autoridades de los estados y no el gobierno federal
los que autorizan la realización de proyectos de explotación forestal.
En torno a los
impactos de las usinas San Antonio y Jirau, en las actividades económicas
y la vida de las personas que habitan las riberas y zonas aledañas
del Madeira, el informe del IBAMA sobre el EIA del proyecto menciona,
que el item referido al componente social fue solo parcialmente atendido,
debido a que la dinámica social y económica en las várzeas
no fue detallada, siendo únicamente expuesta desde un punto de vista
estadístico y sin una pertinente y adecuada caracterización de las
poblaciones que habitan estas regiones. Según el estudio del consorcio
FURNAS-Odebrecht, la represa San Antonio afectaría a 1.762 personas
(de estas 400 son urbanas), en tanto que Jirau afectaría 1.087 personas
(700 del área urbana). De acuerdo al Movimiento de Afectados por las
Represas, esta cifra ha sido subdimensionada, considerando únicamente
la gente con derecho predial y no a la población campesina e indígena
que son ocupantes de hecho o “posseiros”, según este movimiento
social, el número de afectados en el lado brasilero es superior a las
5.000 personas, otras fuentes hacen referencia a más de 10.000 personas.
FLACSO-BRASIL hace referencia a 21 comunidades que podrían ser afectadas
por las represas en el estado de Rondonia. Las últimas apreciaciones
mencionan una afectación a más de 3.000 familias (unas 15.000 personas)
solo en el Brasil.
Como en el caso
del tramo Abuna – cachoeira Porto Velho, los impactos en el lado Boliviano
deben distinguirse entre dos aspectos; a) los inmediatos, producto
del embalse o “alagamiento”, que se considera el “nivel normal
del embalse” (271 kilómetros cuadrados o 27.100 hectáreas en el
caso de San Antonio y 258 kilómetros cuadrados en el caso de Jirau),
el cual terminaría supuestamente, según el estudio ambiental en la
frontera, pero según parecer de científicos bolivianos y brasileros
se extendería aguas arriba del Madeira en Bolivia, y b) los relacionados
a crecidas extraordinarias en años extremadamente lluviosos, en general
relacionados a los fenómenos Niño-Niña y que afectó e un enorme
número de comunidades rurales de la llanura amazónica de Bolivia (en
el Beni principalmente).
Debido a que
el estudio ambiental del proyecto elaborado por el consorcio FURNAS-Odebrecht,
termina en la frontera del Brasil (boca Abuná), no existe información
ambiental ni social referida a los impactos potenciales de la represas
en territorio boliviano. Considerando los efectos “colaterales”
de las represas por inundaciones extendidas y prolongadas, se asume
que en Bolivia podrían estar en riesgo un total de 18 municipios de
Pando y Beni. Algunos de estos municipios por ubicarse en los conos
de aluviales de confluencia de los tributarios del Madeira se encontrarían
en mayor grado vulnerabilidad: Santa Rosa del Abuná, Nueva Esperanza
(Nueva Manoa - Río Negro), Santos Mercedes, Villa Nueva, San Pablo,
Riberalta, Guayaramerín, Gonzalo Moreno, Puerto Siles. La mayor
parte de las poblaciones humanas en toda esta extensa región del Norte
del Bolivia, se concentran cerca de los cursos ribereños, no solamente
pequeñas comunidades campesinas sino poblaciones mayores como Riberalta,
Guayaramerin, Puerto Rico, San Pedro, Villa Nueva, Gonzalo Moreno,
Santos Mercado, Cachuela Esperanza, Villa Bella, Fortaleza y otras más.
El total de comunidades campesinas en toda la región ribereña y zonas
aledañas del norte de Bolivia, en riesgo de ser afectada por el impacto
de las represas del Madeira, es superior a 400 en los 18 municipios
mencionados. La totalidad de población que puede llegar a ser afectada
de forma directa o indirecta en territorio boliviano es de unas 60.000
personas. Solo en el municipio de Nueva Manoa o Nueva Esperanza (una
de las menos habitadas) existen más de 20 comunidades, todas ribereñas,
mientras que en el municipio de Guayaramerin, existen cerca de
70 comunidades, en un 90 % ribereñas. Considerando Bolivia, Brasil
y Perú, podrían ser afectadas por las represas unas 150.000
personas.
Esteban Molina
Alcalde del municipio de Nueva Esperanza ha manifestado en diversos
encuentros, la preocupación ante la construcción de la Represa Jirau,
debido a que será la primera zona de afectación en territorio de Bolivia
dada la proximidad al megaproyecto, poniendo en riesgo procesos de manejo
forestal y de la castaña, además de la Reserva Bruno Racua. Las comunidades
de esta región, ya se han manifestado en sentido de que a partir del
plan de manejo forestal, el bosque tiene un valor comercial que debe
ser indemnizado al ser afectado por las represas.
En el análisis
anterior solamente se toma en cuenta la región norte de Bolivia (aproximadamente
desde el paralelo 14º), y no así la región central de la llanura
beniana que es cruzada por el río Mamoré, la cual podría llegar
a ser afectada de forma más drástica e intensa que en los años anteriores,
debido al efecto de disminución de velocidad de flujo por el represamiento,
en este caso el número de poblaciones y personas afectadas sería muchísimo
más alto.
En relación
directa o indirecta a las diversas unidades de conservación de esta
región (14 en el lado brasilero), existen un elevado número de tierras
indígenas: Cunha/Sapucaia, Igarape Joari, Igarape Itaboca, Igarape
Tahuamirin, Igarape Sao Joao, Lago Jauari, Paumari do Rio Ituxi, Acima,
Boca do Acre, Igarape Ribeirao, Igarape Lage, Paacas Novas, Massaco,
Sarare. Estos espacios indígenas corresponden a los grupos étnicos
Tukuna, Apurina, Paaka Nova, Jaboti, Makurap, Manairisu, y grupos en
aislamiento no contactados. También se mencionan los grupos Oro Ari,
Oro Bom, Cassupá, Salamãi y los Uru-eu-Wau-Wau, Karitiana y Karipuna.
Además los estudios del complejo no contemplan los impactos indirectos
sobre grupos poco conocidos y que no han sido contactados como en el
caso de los Katawixi y los Kaxarari (Cappato, 2007). Todas estas pequeñas
comunidades aisladas y dispersas, se suman a la de los “caboclos camponeses”
(campesinos) considerados, de cualquier forma, muy superficialmente
por el estudio ambiental del proyecto Madeira. En el lado boliviano
deben considerarse los grupos étnicos Moré, Joaquiniano, Itonama,
Chacobo, Pacahuara, Cavineño, Tacana, Araona, Esse Eja, en similar
condición de riesgo que en el Brasil. En total más de 15 grupos
étnicos, en ambos lados de la frontera, cuya situación empeoraría
al límite de la extinción cultural y biológica por efecto de las
megarepresas.
Las poblaciones
indígenas de esta región como del resto de la Amazonía, son poblaciones
en alto riesgo, por su baja densidad poblacional y el avasallamiento
constante a sus espacios de uso de recursos, además de los atropellos
y violencia ejercidos. El efecto de las represas puede ser definitivo
para muchos de estos grupos y subgrupos indígenas, es importante entonces
considerar la asignación de una responsabilidad de genocidio
a las represas del Madeira y a sus promotores.
Algo que llama
la atención, es que los innumerables documentos y artículos referidos
a las represas del Madeira escritos y difundidos tanto en español como
portugués, han hecho fuerte énfasis en aspectos técnicos como flujos,
caudales, velocidades, sedimentos, peces, etc., y muy poco se ha mencionado
y reflexionado sobre los elementos étnicos y antropológicos de la
región a ser afectada. Demás esta decir que el tema no existe en los
estudios del consorcio que impulso el proyecto. Aparentemente se sigue
aceptando el mito del “vació amazónico”.
Ultimos acontecimientos
Tierramérica
en julio del 2008, informó que comunidades indígenas de Bolivia y
Brasil se declaran en emergencia por la construcción del Complejo Hidroeléctrico
del río Madera, que persigue sin pausa Brasilia. Las organizaciones
que los representan se reunieron el 29 de junio en la norteña ciudad
boliviana de Riberalta y se declararon en emergencia. El pronunciamiento
de siete organizaciones sindicales y el Movimiento de Afectados por
Represas del occidental estado brasileño de Rondonia, al que tuvo acceso
Tierramérica, conminó al gobierno de Bolivia a "no negociar ni
firmar ningún tipo de acuerdo" con Brasil. Se menciona que el
gobierno de Morales ha reiterado su intención de no tomar medidas al
margen de los pueblos originarios. Las poblaciones ribereñas en el
tramo hacia San Antonio, fueron notificadas del plazo de desalojo
hasta el 30 de agosto, según un comunicado gubernamental al que tuvo
acceso Tierramérica.
Por su parte,
Fernando Novoa, sociólogo brasilero, criticó la decisión de ciertos
sectores gubernamentales en Bolivia (los economicistas radicales), de
aceptar la construcción de las megarepresas y comenzar a negociar la
indemnización. Este connotado experto mencionó: “No quiero meterme
en asuntos bolivianos, pero me parece una rendición cuando se piden
estudios complementarios cuando el proyecto está ya listo. Es un fórmula
que significa rendición” (Hora 25, julio 2008).
Podemos observar
que nuevamente la “política conciliatoria” del gobierno boliviano
ante el avance de las represas del Madeira, emerge ahora de un forma
más estructurada que en la oportunidad de la visita del presidente
del Brasil a fines del año 2007. De cualquier forma todo parecería
responder a una presión desde el Brasil, considerando además las dificultades
que enfrenta el país en torno al tema de aprovisionamiento regular
de gas a Cuyabá. También puede interpretarse como una actitud de oportunismo
de las autoridades de energía de Bolivia, para impulsar el desarrollo
de las represas en territorio boliviano (Cachuela Esperanza y Bala),
considerando las evaluaciones hidroeléctricas realizadas por ENDE los
primeros meses del 2008 en los principales ríos de la Amazonía de
Bolivia. La respuesta que esté pretendiendo dar el gobierno boliviano,
obedece a la visión economicista del sector económico “duro” y
tecnocrático del gobierno, de espaldas al sentido común y precautorio
exigido por instituciones científicas y ambientalista y lo que es peor,
de espaldas a la posición y situación de vulnerabilidad de las comunidades
y organizaciones campesinas e indígenas de la región, quienes han
reiterado su rechazo a la política conciliatoria del gobierno.
En la última
reunión del Comité interinstitucional el 4 de agosto de 2008, se informó
que el gobierno del Brasil respondió aceptando la reunión binacional
en Bolivia, la cual había sido solicitada hace un año (¡!). Dicha
reunión binacional prevista para el 18 y 19 de Agosto tenía como objetivo
analizar los temas de hidrología-hidráulica (más sedimentación),
ictiología y salud, en torno a los proyectos hidroeléctricos de Jirau
y Santo Antonio. La reunión del Comité sirvió para expresar algunos
puntos encontrados:
<ul type="disc">
<ul type="disc">
<ul type="disc">
<ul type="disc">
<ul type="disc">
El día 12 de
agosto el Comité interinstitucional con motivo de una reunión de presentaciones
técnicas preparatorias, pidió al Viceministerio de Biodiversidad y
Cancillería, suspender la reunión bilateral prevista para el día
18 y 19 de agosto, en función a que carecía de sentido, dada la aprobación
de la Licencia de Instalación (LI) por el IBAMA el día 11 de agosto
y en sentido de protesta por la intromisión del Plan Básico Ambiental
que comprometería acciones sin comunicación ni autorización.
El 15 de agosto
del 2008, la Cancillería de Bolivia remite una nota a su homólogo
brasileño, expresando preocupación por las acciones previstas en el
Plan Básico, que incluyen la instalación de estaciones de medición
de descarga líquida y sólida en el río Beni y Cachuela Esperanza,
muestreos y colectas de peces, así como la realización de estudios
topobatimétricos usando barcos gran calado, acciones todas estas que
no fueron comunicadas ni consultadas al gobierno de Bolivia. En respuesta,
el Canciller brasileño Amorin niega las intenciones de monitorear
territorio boliviano, y una vez más reitera que las represas no ocasionaran
daño alguno a Bolivia (La Razón, 26/08/08).
A fines de agosto
del 2008, Brasil da inició a la construcción de las represas del Madeira
y se anuncia que no se construirán las exclusas para facilitar la navegación,
que fueron inicialmente previstas (agencia de noticias Siglo 21).
Lo siguiente
clarifica el nivel de dispersiónen las acciones de las instituciones
el estado boliviano (La Razón, 29/08/08), en tanto el Viceministerio
de medio ambiente del MDRAMA desarrolla acciones de rechazo al tema
de las represas junto con la Cancillería, desde el sector de energía
el enotnces Ministro de Hidrocarburos Carlos Villegas, anunciaba que
la empresa canadiense Tecsult–Aecom realizará el “estudio de impacto
medioambiental, social y económico” en Bolivia producto de la construcción
de dos represas brasileñas, Jirau y San Antonio. Todo sin que existe
coordinación alguna entre el Ministerio de energía y el de desarrollo
rural /medio ambiente. Este supuesto estudio “de impacto”
se realizará paralelamente al estudio de diseño final de
la Central Hidroeléctrica Cachuela Esperanza, la cual fue
anunciada el miércoles por el presidente Evo Morales. Ambos estudios
deberán estarían concluidos en julio del 2009. Según información
oficial, el estudio de Tecsult pretende identificar los argumentos técnicos
necesarios para prever los impactos ambientales, aunque algunos ya fueron
identificados. Este estudio tendrá un costo de ocho millones
de dólares e incluirá otros posibles proyectos hidroeléctricos, como
El Bala, Miguillas y Misicuni, confirmó el ministro, a
tiempo de aclarar que este último conjunto de proyectos empezará cuando
concluyan los otros dos.
Al respecto Bolpress
(29/08/08) informa que ENDE fue la encarga de firmar el contrato
con la empresa canadiense Tecsult - Aecom (Tecsult International Limitée)
para el estudio a Diseño Final de la Central Hidroeléctrica Cachuela
Esperanza en el río Beni, proyectada hace 25 años para abastecer de
energía eléctrica a Beni y Pando. Desde su fundación en 1961, la
empresa Tecsult ha realizado grandes obras hidroeléctricas en diferentes
partes del mundo. La misión de esta empresa en Bolivia será estudiar
el proyecto Cachuela Esperanza en un contexto de aprovechamiento integral
de los potenciales hidroeléctricos en el norte del país, abarcando
la cuenca amazónica boliviana adyacente a las márgenes del río Beni,
desde Riberalta hasta su confluencia con el río Mamoré; el tramo binacional
Bolivia-Brasil del río Mamoré, desde las proximidades de Guayaramerín
hasta su confluencia con el río Beni; y el tramo binacional Bolivia-Brasil
del río Madera, desde la confluencia de los ríos Mamoré y Beni hasta
su conjunción con el río Abuná. Además, se elaborará un estudio
técnico económico para definir cuáles aprovechamientos hidroeléctricos
son complementarios y cuáles son excluyentes. Se desarrollarán estudios
a nivel de prefactibilidad de tres opciones de aprovechamiento hidroeléctrico
en los ríos Madera, Mamoré y Beni, además del Diseño Final de la
Central Hidroeléctrica de Cachuela Esperanza. Además se definirán
las bases técnico-económicas y legales para la defensa de los intereses
de Bolivia frente a posibles afectaciones de los emprendimientos hidroeléctricos
en territorio brasilero aguas abajo del río Madera.
Finalmente, aprovechando
la debilidad del sector ambiental, el sector de energía desarrolla
su propia agenda (aparentemente con aval de las máximas autoridades
del Estado) en materia hidroeléctrica, camuflando sus intereses y su
visión eminentemente economicista, con la realización de supuestos
estudios ambientales. De esta forma, a fines de agosto del 2008,
pasamos de la amenaza de las represas del Brasil a la amenaza de la
construcción de la represa Cachuela Esperanza, de cualquier forma una
ávida proyección del IIRSA, situación que el sector energético no
tardó mucho en aprovechar.
Al respecto,
la agencia de noticias ABI (27/08/08) da cuenta que con una inversión
de 1.500 millones de dólares la hidroeléctrica de Cachuela Esperanza,
en el departamento del Beni, tendrá una capacidad de 800 megawatios
(casi la magnitud de la actual demanda del sistema interconectado nacional)
que permitirá exportar energía eléctrica al mercado brasileño. Estas
proyecciones corresponden al viceministro de Electricidad, Miguel Yagüe.
La firma de contrato entre ENDE y la empresa canadiense Tecsult-Aecom
se produjo en la población de Cachuela Esperanza, para realizar los
estudios y el diseño final de la Central Hidroeléctrica, en la cual
participó el primer mandatario de Bolivia.
Llama la atención
de la aceleración del proceso, puesto que el viceministro de
energía aseveró que a fin de año ya se contarán con algunos documentos
para licitar las turbinas y los generadores, mientras que en marzo 2009,
se tendrán el diseño final de la presa y con ello podrán licitar
parte de las obras civiles, las cuales se empezarían a mediados del
2010 y se ejecutaría la parte de la casa de máquinas, donde se instalarán
las turbinas y los generadores, entre otros. También a fines
de noviembre del 2008 los laboratorios de hidráulica de la Universidad
de San Simón de Cochabamba, ya tendrán un modelo a escala del proyecto
para medir el comportamiento hidrológico y de las crecidas del río
con las represas”.Según los técnicos canadienses, aseguró que el
proyecto se estima que estaría produciendo energía eléctrica en siete
a ocho años aproximadamente. Explicó que el mega proyecto abastecerá
el mercado interno de la Amazonía boliviana y tendrá un excedente
importante para exportar energía como uno de los componentes atractivos
a la inversión con miras al mercado brasileño.
Comentarios
Sólo usuarios registrados pueden publicar comentarios. regístrate/inicia sesiónBuscar
En línea
18 usuarios anónimos y 0 usuarios registrados en línea.
Eres un usuario no registrado o no has iniciado sesión. Puedes registrarte aquí.