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Nuevas y viejas reflexiones sobre las represas del Madeira

Marco Octavio Ribera - LIDEMA - 22 de oct/2008  
El territorio boliviano ya no dependerá únicamente del riesgo de que representan las represas en el Brasil, creamos nuestro propio riesgo impulsando megaproyectos energéticos de alto costo ambiental y social, que generarán una sinergia impredecible junto con sus homólogos brasileños.


Marco Octavio Ribera A. (especialista ambiental del LIDEMA-Bolivia). Octubre 2008

Impactos a los ecosistemas

Las represas del Madeira al funcionar con turbinas de bulbo y dada la topografía de la región, no generarán grandes reservorios o lagos como las represas de caída en zonas montañosas. Esto significa que el efecto de la inundación una vez instaladas las infraestructuras, se extenderá a lo largo del complejo de los ríos Madeira-Beni-Mamoré–Madre de Dios-Itenez, afectando inicialmente los ecosistemas de playas y terrazas fluviales de las cuencas bajas de estos ríos, posiblemente hasta el paralelo 13. Las primeras afectadas serían las comunidades ribereñas que habitan cerca de los cursos de los ríos. Con el efecto de las crecidas de la época de lluvias el impacto se tornaría más severo, ocasionando que las aguas desborden las terrazas e invadan las planicies adyacentes. Las inundaciones “normales” de la llanura del Beni, progresarían hasta los primeros meses de año, momento en que se produce la “bajada” de las aguas, las cuales se acumulan en la zona norte de Bolivia, ocasionando recurrentemente inundaciones severas. Bajo la acción de las represas y con un nivel de río ya crecidos por el efecto del embalse, los impactos de esta “bajada” de aguas, al finalizar la época de lluvias, será posiblemente desastrosa.  Si es un período afectado por el fenómeno Niño o Niña, los efectos amplificados ocasionarán un desastre jamás visto en esa región de la Amazonía. 

De forma más detallada los efectos de las inundaciones tendrían las siguientes características. Los efectos de la inundación alta,  producto del embalsamiento, afectará de forma directa los sistemas de playas y barrancos de los grandes ríos, eliminando en amplios tramos los procesos de sucesión ribereña y las comunidades de vegetación pionera que prosperan en dichos sectores (Allan, 1995). Muchas especies de aves y reptiles serán afectadas, por ejemplo los procesos reproductivos de las tortugas de agua (Podocnemys expansa y P. unifilis) pueden verse seriamente afectados (Switkes y Bonilha. 2008). Los efectos en la biota limnológica pueden ser progresivamente devastadores, lo que incluye toda la cadena alimenticia que culmina en los grandes peces de los ríos amazónicos (denominados localmente surubies, chuncuinas, generales, toros, tucunarés, etc.). En opinión del experto hidrobiólogo Paul Van Dame, las repercusiones de las represas darán lugar a profundos cambios indeseables en la ecología limníca de la cuenca amazónica en general.

De la misma forma, esta inundación alta y permanente, afectará también amplias zonas de terrazas ribereñas medias y altas, las cuales bajo condiciones normales soportan inundaciones cortas o anegaciones eventuales durante crecidas extraordinarias. Bajo el sistema de inundación permanente producto del represamiento, estas terrazas permanecerán bajo aguas permanentes o de inundaciones inusualmente muy prolongadas. Igualmente, las zonas de llanuras adyacentes a los bosques ribereños (p.e. Beni, Madre de Dios) o de galería (caso Mamoré) que reciben aguas por el desborde de los cursos durante el pico de las inundaciones estacionales y pueden permanecer anegadas desde algunas semanas hasta tres o cuatro meses, comenzarán a soportar inundaciones más prolongadas y severas, en algunos casos, posiblemente hasta permanentes.  En cuanto a las zonas de desembocadura de los grandes afluentes (Beni, Madre de Dios, Guapore), el río principal con sus aguas crecidas por el efecto de las represas, actuará “taponando” o produciendo un endicamiento de las bocas de salida, lo cual ocasionará una subida de las aguas a lo largo de los afluentes (en especial hacia la cuenca baja o de unión) y una anegación anormal de terrazas y planicies adyacentes.

Al producirse la inundación estacional promediando la época lluviosa (enero-febrero) las aguas que bajan de los grandes ríos con nacientes cordilleranos (Beni, Madre de Dios, Mamoré) comenzará a verse retenidas por el efecto de embalsamiento de las represas, el cual será mayor, lo cual incrementará los flujos hacia las llanuras adyacentes, pudiendo incluso producirse reflujos (correntadas de aguas que temporalmente suben). Bajo situaciones de las lluvias extremas producto de los fenómenos Niño –Niña, y alteraciones relacionadas con la oscilación de la zona de convergencia intertropical (ITCZ), las lluvias agigantadas intensificarán el proceso de rebalses e inundaciones anormalmente prolongadas.

Los largos períodos de inundación, hasta anegaciones casi permanentes, ocasionarán efectos en la dinámica de los ecosistemas, los cuales se traducirán inicialmente en la condición de los suelos y la composición de la vegetación. En condiciones naturales, las secuencias de formaciones de vegetación tropical en las llanuras, van desde las zonas más altas llamadas “terra firme” o “alturas”, las cuales corresponden a terrazas altas antiguas (interiores o alejadas de los cursos actuales) en las cuales prosperan  bosques altos con emergentes gigantescos, sotobosques abiertos, muy ricos en especies y abundancia regularmente alta de palmeras. Sitios similares se encuentran en las partes más altas de las terrazas de los cursos activos o actuales, en las cuales por lo general existen asentamientos humanos y zonas agrícolas. Estas partes altas solo soportan inundaciones en situaciones extraordinarias y en general no prolongadas.  En las partes intermedias de esta secuencia se encuentran zonas más bajas y sujetas a inundaciones mas frecuentes y que pueden durar varias semanas, donde prosperan bosques de inundación estacional; las aguas de inundación pueden ser blancas u oscuras. Estos bosques son altos a medianos, ricos en palmeras  y especies. A medida que las condiciones de inundación se hacen más drásticas, altas (varios metros) y prolongadas, es decir hacia las zonas más bajas o bajíos, prosperan bosques de tipo varzea e igapo, la abundancia de especies se reduce y prosperan determinadas comunidades vegetales con especies más adaptadas a las condiciones de drásticos períodos de inundación alta. En general son bosques más pobres y “oligárquicos” o monótonos, es decir, dominados por pocas especies, la riqueza de palmeras se reduce y prosperan rodales de la palma real o “buriti” (Mauritia flexuosa)  adaptada a suelos de prolongada o permanente inundación. En las zonas de bajíos permanentemente inundados y con suelos hidromórficos, prosperan formaciones de bosques pantanosos muy bajos y densos, pobres en especies, con ausencia de palmeras (salvo manchones de palma real) pero ricos en lianas.

A medida de que las  inundaciones anormalmente altas y prolongadas cubran zonas que antes no recibían dichas presiones o solo de forma muy eventual y extraordinaria, se irán produciendo efectos modificatorios drásticos. Las zonas de bosques pantanosos se tornarán eventualmente en pantanos de herbáceas y ciperáceas, en tanto que los bosques de inundación por la anegación permanente (ya no estacional) pueden tornarse en formaciones de bosques pantanosos o simplemente desaparecer. Incluso las zonas de boques de alturas en terrazas antiguas o actuales, pueden llegar a permanecer bajo aguas de anegación por períodos prolongados y hasta permanentes, convirtiéndose paulatinamente en “bosques de inundación” o en el peor de los casos de tipo pantanoso.  Los cambios no serán desde luego inmediatos, más bien lentos y progresivos, pero en un lapso de unos 20 o 30 años ya podrán notarse cambios significativos.  En muchas zonas, muchos grandes árboles, incluidos los de castaña, “morirán en pie” por efecto de la disfunción radical por reducción de oxigenación del suelo y podredumbres asociadas. También se producirán cambios en la vegetación, incluso a corto plazo, debido a la alteración o eliminación de los sistemas de micorrizas del suelo.

Uno de los efectos más severos será la reducción de la biodiversidad en general, estos bosques con suelos sujetos a largas o permanentes llenuras, tenderán en general a la “monotonización” o predominio de unas pocas especies mas adaptadas, sin duda la riqueza de palmas disminuirá severamente incluso desde un inicio, todo esto ocasionando un derrumbe en cadena de la biodiversidad de los ecosistemas (aves, mamíferos, insectos, etc.), un colapso devastativo de la riqueza natural a gran escala.

Impactos sobre comunidades y espacios socio-culturales

En opinión de Gilberto Cervinski, de la  dirección  nacional del Movimento dos Atingidos por Barragens (MAB), las mega-obras hidroeléctricas (Madeira o Xingu) van dejar un legado de mucha exclusión social y muy poco empleo, estas industrias electro-intensivas son empresas de alta tecnología y automatizadas. Las personas de estas regiones son expulsadas, pierden sus fuentes de renta  y pueden tener como destino las favelas.  Existen opiniones que difieren  al respecto. Hay expertos que opinan que los efectos colaterales o indirectos de una obra de la dimensión de las represas del Madeira, a veces pueden ser peores que los directos, y se relacionan con la construcción, mantenimiento y funcionamiento de la misma (por ejemplo, establecimiento de los caminos de acceso, campamentos de construcción, líneas de transmisión de la electricidad) y el desarrollo de las actividades agrícolas, industriales o municipales, fomentadas por la represa. Al respecto, el cietífico Cohn-Haft del INPA, menciona:  "Uma vez que você tem grandes projetos que estão empregando gente, atraindo gente de outras partes do país, encorajando investimento, agricultura, agropecuária, rapidinho a área toda é colonizada, é desmatada, é convertida permanentemente”.  Es posible sin embargo, que ambos procesos se den de forma simultánea, con lo que el impacto social  total es en realidad mucho mas elevado.  Al respecto, en octubre del 2007, los datos del Sistema oficial de detección de deforestación del IBAMA, indicaban que en setiembre de 2007 las áreas devastadas sumaban 295 km2 contra un total de 42 km2 registrados en el mismo mes del 2006. La zona más afectada es la limítrofe con Bolivia entre los municipios de Guajará-Mirim y Costa Marques. De acuerdo con la oficina de Fiscalización del estatal del IBAMA en el estado de Rondonia, las imágenes satelitales muestran que se formó un "arco" de deforestación debido a la actividad económica como explotación maderera, venta ilegal de tierras y asentamientos de agricultores. Los fiscales del IBAMA consideran que el problema se agravó con el anuncio de construcción de dos represas hidroeléctricas sobre el río Madeira y porque ahora son las autoridades de los estados y no el gobierno federal los que autorizan la realización de proyectos de explotación forestal.

En torno a los impactos de las usinas San Antonio y Jirau, en las actividades económicas y la vida de las personas que habitan las riberas y zonas aledañas del Madeira, el informe del IBAMA sobre el EIA del proyecto menciona, que el item referido al componente social fue solo parcialmente atendido, debido a que la dinámica social y económica en  las várzeas no fue detallada, siendo únicamente expuesta desde un punto de vista estadístico y sin una pertinente y adecuada caracterización de las poblaciones que habitan estas regiones. Según el estudio del consorcio FURNAS-Odebrecht, la represa San Antonio  afectaría a 1.762 personas (de estas 400 son urbanas), en tanto que Jirau afectaría 1.087 personas (700 del área urbana). De acuerdo al Movimiento de Afectados por las Represas, esta cifra ha sido subdimensionada, considerando únicamente la gente con derecho predial y no a la población campesina e indígena que son ocupantes de hecho o “posseiros”, según este movimiento social, el número de afectados en el lado brasilero es superior a las 5.000 personas, otras fuentes hacen referencia a más de 10.000 personas. FLACSO-BRASIL hace referencia a 21 comunidades que podrían ser afectadas por las represas en el estado de Rondonia. Las últimas apreciaciones mencionan una afectación a más de 3.000 familias (unas 15.000 personas) solo en el Brasil.

Como en el caso del tramo Abuna – cachoeira Porto Velho, los impactos en el lado Boliviano deben distinguirse entre dos aspectos;  a) los inmediatos, producto del embalse o “alagamiento”, que se considera el “nivel normal del embalse” (271 kilómetros cuadrados o 27.100 hectáreas en el caso de San Antonio y 258 kilómetros cuadrados en el caso de Jirau), el cual terminaría supuestamente, según el estudio ambiental en la frontera, pero según parecer de científicos bolivianos y brasileros se extendería aguas arriba del Madeira en Bolivia, y b) los relacionados a crecidas extraordinarias en años extremadamente lluviosos, en general relacionados a los fenómenos Niño-Niña y que afectó e un enorme número de comunidades rurales de la llanura amazónica de Bolivia (en el Beni principalmente). 

Debido a que el estudio ambiental del proyecto elaborado por el consorcio FURNAS-Odebrecht, termina en la frontera del Brasil (boca Abuná), no existe información ambiental ni social referida a los impactos potenciales de la represas en territorio boliviano.  Considerando los efectos “colaterales” de las represas por inundaciones extendidas y prolongadas, se asume que en Bolivia podrían estar en riesgo un total de 18 municipios de Pando y Beni. Algunos de estos municipios por ubicarse en los conos de aluviales de confluencia de los tributarios del Madeira se encontrarían en mayor grado vulnerabilidad: Santa Rosa del Abuná, Nueva Esperanza (Nueva Manoa - Río Negro), Santos Mercedes, Villa Nueva, San Pablo, Riberalta, Guayaramerín, Gonzalo Moreno, Puerto Siles.  La mayor parte de las poblaciones humanas en toda esta extensa región del Norte del Bolivia, se concentran cerca de los cursos ribereños, no solamente pequeñas comunidades campesinas sino poblaciones mayores como Riberalta, Guayaramerin,  Puerto Rico, San Pedro, Villa Nueva, Gonzalo Moreno, Santos Mercado, Cachuela Esperanza, Villa Bella, Fortaleza y otras más. El total de comunidades campesinas en toda la región ribereña y zonas aledañas del norte de Bolivia, en riesgo de ser afectada por el impacto de las represas del Madeira, es superior a 400 en los 18 municipios mencionados. La totalidad de población que puede llegar a ser afectada de forma directa o indirecta en territorio boliviano es de unas 60.000 personas. Solo en el municipio de Nueva Manoa o Nueva Esperanza (una de las menos habitadas) existen más de 20 comunidades, todas ribereñas, mientras que en el municipio de Guayaramerin,  existen cerca de 70 comunidades, en un 90 % ribereñas.  Considerando Bolivia, Brasil y Perú, podrían ser afectadas por las represas  unas 150.000 personas.

Esteban Molina Alcalde del municipio de Nueva Esperanza ha manifestado en diversos encuentros, la preocupación ante la construcción de la Represa Jirau, debido a que será la primera zona de afectación en territorio de Bolivia dada la proximidad al megaproyecto, poniendo en riesgo procesos de manejo forestal y de la castaña, además de la Reserva Bruno Racua. Las comunidades de esta región, ya se han manifestado en sentido de que a partir del plan de manejo forestal, el bosque tiene un valor comercial que debe ser indemnizado al ser afectado por las represas.

En el análisis anterior solamente se toma en cuenta la región norte de Bolivia (aproximadamente desde el paralelo 14º), y no así la región central de la llanura beniana  que es cruzada por el río Mamoré, la cual podría llegar a ser afectada de forma más drástica e intensa que en los años anteriores, debido al efecto de disminución de velocidad de flujo por el represamiento, en este caso el número de poblaciones y personas afectadas sería muchísimo más alto.

En relación directa o indirecta a las diversas unidades de conservación de esta región (14 en el lado brasilero), existen un elevado número de tierras indígenas: Cunha/Sapucaia, Igarape Joari, Igarape Itaboca, Igarape Tahuamirin, Igarape Sao Joao, Lago Jauari, Paumari do Rio Ituxi, Acima, Boca do Acre, Igarape Ribeirao, Igarape Lage, Paacas Novas, Massaco, Sarare. Estos espacios indígenas corresponden a los grupos étnicos Tukuna, Apurina, Paaka Nova, Jaboti, Makurap, Manairisu, y grupos en aislamiento no contactados. También se mencionan los grupos Oro Ari, Oro Bom, Cassupá, Salamãi y los Uru-eu-Wau-Wau, Karitiana y Karipuna. Además los estudios del complejo no contemplan los impactos indirectos sobre grupos poco conocidos y que no han sido contactados como en el caso de los Katawixi y los Kaxarari (Cappato, 2007). Todas estas pequeñas comunidades aisladas y dispersas, se suman a la de los “caboclos camponeses” (campesinos) considerados, de cualquier forma, muy superficialmente por el estudio ambiental del proyecto Madeira.  En el lado boliviano deben considerarse los grupos étnicos Moré, Joaquiniano, Itonama, Chacobo, Pacahuara, Cavineño, Tacana, Araona, Esse Eja, en similar condición de riesgo que en el Brasil.  En total más de 15 grupos étnicos, en ambos lados de la frontera, cuya situación empeoraría al límite de la extinción cultural y biológica por efecto de las megarepresas.

Las poblaciones indígenas de esta región como del resto de la Amazonía, son poblaciones en alto riesgo, por su baja densidad poblacional y el avasallamiento constante a sus espacios de uso de recursos, además de los atropellos y violencia ejercidos. El efecto de las represas puede ser definitivo para muchos de estos grupos y subgrupos indígenas, es importante entonces considerar la asignación de una responsabilidad de genocidio a las represas del Madeira y a sus promotores.

Algo que llama la atención, es que los innumerables documentos y artículos referidos a las represas del Madeira escritos y difundidos tanto en español como portugués, han hecho fuerte énfasis en aspectos técnicos como flujos, caudales, velocidades, sedimentos, peces, etc., y muy poco se ha mencionado y reflexionado sobre los elementos étnicos y antropológicos de la región a ser afectada. Demás esta decir que el tema no existe en los estudios del consorcio que impulso el proyecto. Aparentemente se sigue aceptando el mito del “vació amazónico”. 

Ultimos acontecimientos

Tierramérica  en julio del 2008, informó que comunidades indígenas de Bolivia y Brasil se declaran en emergencia por la construcción del Complejo Hidroeléctrico del río Madera, que persigue sin pausa Brasilia. Las organizaciones que los representan se reunieron el 29 de junio en la norteña ciudad boliviana de Riberalta y se declararon en emergencia. El pronunciamiento de siete organizaciones sindicales y el Movimiento de Afectados por Represas del occidental estado brasileño de Rondonia, al que tuvo acceso Tierramérica, conminó al gobierno de Bolivia a "no negociar ni firmar ningún tipo de acuerdo" con Brasil. Se menciona que el gobierno de Morales ha reiterado su intención de no tomar medidas al margen de los pueblos originarios. Las poblaciones ribereñas en el tramo hacia San Antonio,  fueron notificadas del plazo de desalojo hasta el 30 de agosto, según un comunicado gubernamental al que tuvo acceso Tierramérica.

Por su parte, Fernando Novoa, sociólogo brasilero, criticó la decisión de ciertos sectores gubernamentales en Bolivia (los economicistas radicales), de aceptar la construcción de las megarepresas y comenzar a negociar la indemnización. Este connotado experto mencionó: “No quiero meterme en asuntos bolivianos, pero me parece una rendición cuando se piden estudios complementarios cuando el proyecto está ya listo. Es un fórmula que significa rendición” (Hora 25, julio 2008).

Podemos observar que nuevamente la “política conciliatoria” del gobierno boliviano ante el avance de las represas del Madeira, emerge ahora de un forma más estructurada que en la oportunidad de la visita del presidente del Brasil a fines del año 2007. De cualquier forma todo parecería responder a una presión desde el Brasil, considerando además las dificultades que enfrenta el país en torno al tema de aprovisionamiento regular de gas a Cuyabá. También puede interpretarse como una actitud de oportunismo de las autoridades de energía de Bolivia, para impulsar el desarrollo de las represas en territorio boliviano (Cachuela Esperanza y Bala), considerando las evaluaciones hidroeléctricas realizadas por ENDE los primeros meses del 2008 en los principales ríos de la Amazonía de Bolivia. La respuesta que esté pretendiendo dar el gobierno boliviano, obedece a la visión economicista del sector económico “duro” y tecnocrático del gobierno, de espaldas al sentido común y precautorio exigido por instituciones científicas y ambientalista y lo que es peor, de espaldas a la posición y situación de vulnerabilidad de las comunidades y organizaciones campesinas e indígenas de la región, quienes han reiterado su rechazo a la política conciliatoria del gobierno.

En la última reunión del Comité interinstitucional el 4 de agosto de 2008, se informó que el gobierno del Brasil respondió aceptando la reunión binacional en Bolivia, la cual había sido solicitada hace un año (¡!). Dicha reunión binacional prevista para el 18 y 19 de Agosto tenía como objetivo analizar los temas de hidrología-hidráulica (más sedimentación), ictiología y salud, en torno a los proyectos hidroeléctricos de Jirau y Santo Antonio. La reunión del Comité sirvió para expresar algunos puntos encontrados:

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  • En cuanto a la reunión binacional se observó su extemporaneidad, dado que el Brasil acepta el análisis técnico cuando la construcción de las represas ya está adjudicada (después de un año) e incluso la energía a ser producida está ya vendida en gran parte. Se observó que el carácter de la reunión sea “cerrada”, considerando a un reducido grupo técnico, y tanto la prensa como las organizaciones sociales estén excluidas. Se observó además que la reunión se produzca en las fechas en que se espera la aprobación final del Licenciamiento previo (LP).

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  • También se observó que los temas de trabajo para dicha reunión, estén reducidos a hidrología, ictiología y salud, faltando temas críticos a ser incluidos como ser los aspectos legales (derecho internacional), etnias-derechos indígenas y el tema social en general. También se observó la exclusión del tema energético, cuando es un tema central en la problemática.

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  • Se observó la ausencia de una  posición y visión país  fuerte y homogénea respecto al tema de las represas, lo cual se deriva del hecho de que existe un sector fuerte del gobierno, que incluye a las máximas autoridades de estado, las cuales son proclives a aceptar el impacto del tema de las represas y la conciliación con el Brasil, además de empujar en el propio territorio boliviano una matriz energética con elevado costo socio-ambiental.

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  • También se criticó el hecho de que las representaciones sociales y las organizaciones de la sociedad civil, no fueran convocadas al seminario de Energía y Medio Ambiente de fines de julio del 2008, siendo que las conclusiones del evento son precisamente proclives a un eventual acuerdo con el Brasil y la eventual aceptación de la figura de las compensaciones.

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  • Se observó la falta de respuesta del gobierno de Bolivia ante el avance de la aprobación de la Licencia de  Instalación (LI), cuyo Plan Básico Ambiental tiene serias observaciones.

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  • El Viceministerio de Biodiversidad y la Cancillería manejaron la posición de asistir a la reunión bilateral con el fin primordial de demostrar con evidencias concretas que las represas generarán impactos en el territorio boliviano, aspecto que fue cuestionado por su inconsistencia, bajo el supuesto que la delegación boliviana a dicha reunión sea lo suficientemente convincente como para demostrar que evidentemente se generarán impactos, queda la incertidumbre sobre cuales serán los siguientes pasos a seguir. Esto no debería suponer una estrategia que implique la aceptación de las compensaciones ya previstas tanto por Brasil como por algunos personeros del gobierno de Bolivia.

  • El día 12 de agosto el Comité interinstitucional con motivo de una reunión de presentaciones técnicas preparatorias, pidió al Viceministerio de Biodiversidad y Cancillería, suspender la reunión bilateral prevista para el día 18 y 19 de agosto, en función a que carecía de sentido, dada la aprobación de la Licencia de Instalación (LI) por el IBAMA el día 11 de agosto y en sentido de protesta por la intromisión del Plan Básico Ambiental que comprometería acciones sin comunicación ni autorización.

    El 15 de agosto del 2008, la Cancillería de Bolivia remite una nota a su homólogo brasileño, expresando preocupación por las acciones previstas en el Plan Básico, que incluyen la instalación de estaciones de medición de descarga líquida y sólida en el río Beni y Cachuela Esperanza, muestreos y colectas de peces, así como la realización de estudios topobatimétricos usando barcos gran calado, acciones todas estas que no fueron comunicadas ni consultadas al gobierno de Bolivia. En respuesta, el  Canciller brasileño Amorin niega las intenciones de monitorear territorio boliviano, y una vez más reitera que las represas no ocasionaran daño alguno a Bolivia (La Razón, 26/08/08).

    A fines de agosto del 2008, Brasil da inició a la construcción de las represas del Madeira y se anuncia que no se construirán las exclusas para facilitar la navegación, que fueron inicialmente previstas (agencia de noticias Siglo 21).

    Lo siguiente clarifica el nivel de dispersiónen las acciones de las instituciones el estado boliviano (La Razón, 29/08/08), en tanto el Viceministerio de medio ambiente del MDRAMA desarrolla acciones de rechazo al tema de las represas junto con la Cancillería, desde el sector de energía el enotnces Ministro de Hidrocarburos Carlos Villegas, anunciaba que la empresa canadiense Tecsult–Aecom realizará el “estudio de impacto medioambiental, social y económico” en Bolivia producto de la construcción de dos represas brasileñas, Jirau y San Antonio. Todo sin que existe coordinación alguna entre el Ministerio de energía y el de desarrollo rural /medio ambiente. Este supuesto estudio “de impacto”  se realizará paralelamente al estudio de diseño final de la Central Hidroeléctrica Cachuela Esperanza, la cual fue anunciada el miércoles por el presidente Evo Morales. Ambos estudios deberán estarían concluidos en julio del 2009. Según información oficial, el estudio de Tecsult pretende identificar los argumentos técnicos necesarios para prever los impactos ambientales, aunque algunos ya fueron identificados.  Este estudio tendrá un costo de ocho millones de dólares e incluirá otros posibles proyectos hidroeléctricos, como El Bala, Miguillas y Misicuni, confirmó el ministro, a tiempo de aclarar que este último conjunto de proyectos empezará cuando concluyan los otros dos.

    Al respecto Bolpress (29/08/08) informa que ENDE fue la encarga de  firmar el contrato con la empresa canadiense Tecsult - Aecom (Tecsult International Limitée) para el estudio a Diseño Final de la Central Hidroeléctrica Cachuela Esperanza en el río Beni, proyectada hace 25 años para abastecer de energía eléctrica a Beni y Pando. Desde su fundación en 1961, la empresa Tecsult ha realizado grandes obras hidroeléctricas en diferentes partes del mundo. La misión de esta empresa en Bolivia será estudiar el proyecto Cachuela Esperanza en un contexto de aprovechamiento integral de los potenciales hidroeléctricos en el norte del país, abarcando la cuenca amazónica boliviana adyacente a las márgenes del río Beni, desde Riberalta hasta su confluencia con el río Mamoré; el tramo binacional Bolivia-Brasil del río Mamoré, desde las proximidades de Guayaramerín hasta su confluencia con el río Beni; y el tramo binacional Bolivia-Brasil del río Madera, desde la confluencia de los ríos Mamoré y Beni hasta su conjunción con el río Abuná. Además, se elaborará un estudio técnico económico para definir cuáles aprovechamientos hidroeléctricos son complementarios y cuáles son excluyentes. Se desarrollarán estudios a nivel de prefactibilidad de tres opciones de aprovechamiento hidroeléctrico en los ríos Madera, Mamoré y Beni, además del Diseño Final de la Central Hidroeléctrica de Cachuela Esperanza. Además se definirán las bases técnico-económicas y legales para la defensa de los intereses de Bolivia frente a posibles afectaciones de los emprendimientos hidroeléctricos en territorio brasilero aguas abajo del río Madera.

    Finalmente, aprovechando la debilidad del sector ambiental, el sector de energía desarrolla su propia agenda (aparentemente con aval de las máximas autoridades del Estado) en materia hidroeléctrica, camuflando sus intereses y su visión eminentemente economicista, con la realización de supuestos estudios ambientales.  De esta forma, a fines de agosto del 2008, pasamos de la amenaza de las represas del Brasil a la amenaza de la construcción de la represa Cachuela Esperanza, de cualquier forma una ávida proyección del IIRSA, situación que el sector energético no tardó mucho en aprovechar. 

    Al respecto, la agencia de noticias ABI (27/08/08) da cuenta que con una inversión de 1.500 millones de dólares la hidroeléctrica de Cachuela Esperanza, en el departamento del Beni, tendrá una capacidad de 800 megawatios (casi la magnitud de la actual demanda del sistema interconectado nacional)  que permitirá exportar energía eléctrica al mercado brasileño. Estas proyecciones corresponden al viceministro de Electricidad, Miguel Yagüe. La firma de contrato entre ENDE y la empresa canadiense Tecsult-Aecom se produjo en la población de Cachuela Esperanza, para realizar los estudios y el diseño final de la Central Hidroeléctrica, en la cual participó el primer mandatario de Bolivia.  

    Llama la atención de la  aceleración del proceso, puesto que el viceministro de energía aseveró que a fin de año ya se contarán con algunos documentos para licitar las turbinas y los generadores, mientras que en marzo 2009, se tendrán el diseño final de la presa y con ello podrán licitar parte de las obras civiles, las cuales se empezarían a mediados del 2010 y se ejecutaría la parte de la casa de máquinas, donde se instalarán las turbinas y los generadores, entre otros. También a  fines de noviembre del 2008 los laboratorios de hidráulica de la Universidad de San Simón de Cochabamba, ya tendrán un modelo a escala del proyecto para medir el comportamiento hidrológico y de las crecidas del río con las represas”.Según los técnicos canadienses, aseguró que el proyecto se estima que estaría produciendo energía eléctrica en siete a ocho años aproximadamente. Explicó que el mega proyecto abastecerá el mercado interno de la Amazonía boliviana y tendrá un excedente importante para exportar energía como uno de los componentes atractivos a la inversión con miras al mercado brasileño.

    En resumen, el territorio boliviano ya no dependerá únicamente del riesgo de que representan las represas en el Brasil, creamos nuestro propio riesgo impulsando megaproyectos energéticos de alto costo ambiental y social, que generarán una sinergia impredecible junto con sus homólogos brasileños. Mientras  la matriz energética de Bolivia avanza siguiendo la senda del alto riesgo ecológico, otras fuentes energéticas alternativas como la inmensa potencialidad eólica en un país con abundancia de zonas  montañosas,  apenas están comenzando a ser consideradas.  

     

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