WASHINGTON, D.C. –De las actuaciones de este presidente y las de su
padre, me es fácil concluir que los Torrijos tienen escaso compromiso
ambiental y aun menos compromiso con los derechos del indígena. Para
establecer el patrón de conducta tenemos a un Omar Torrijos que inundó 35
mil hectáreas de tierras kunas para construir su hidroeléctrica de
Bayano; esto arruinó la tierra y las vidas de esa pobre gente que hasta
el día de hoy, 35 años después, siguen reclamando que el gobierno cumpla
con lo prometido.
Siguiendo ese modelo, tenemos ahora a un Martín Torrijos fríamente
empeñado en construir hidroeléctricas que destruirán las tierras y las
vidas de indígenas ngöbe y naso, aunque haya que desalojarlos a punta de
toletazos, engaño y gases lacrimógenos. Una parte de este patrón de
conducta –que ya conocemos bien– es el apuro desmesurado y la represión
policial, sin permitir tiempo para el diálogo, la consideración de
alternativas o la negociación de una solución aceptable para todos.
El más reciente ejemplo de este patrón ocurrió el pasado 3 de enero en
Charco la Pava en Bocas de Toro, donde una comunidad ngöbe se está
resistiendo a la construcción de una hidroeléctrica en el río Changuinola
que afectará las tierras, cosechas, y residencias tradicionales de unos 3
mil 500 indígenas. Hace meses que los activistas en defensa de los ngöbes
habían venido denunciando que la empresa involucrada –AES, basada en
Virginia– estaba valiéndose de engaño y coerción para desalojar a los
indígenas, mientras solicitaban que la obra se suspendiera hasta
solucionar el problema. Los trabajos avanzaban, sin embargo, por lo que
el pueblo de Charco la Pava entabló una protesta pacífica a mediados de
diciembre que continuó hasta el 3 de enero, cuando llegaron los
antimotines.
“Deshicieron el campamento por medio de gases lacrimógenos y fuerza
física, sin hacer distinción entre ancianos y niños, hombres o mujeres”,
relata Lucía Lasso, directora ejecutiva de la Alianza para la
Conservación y el Desarrollo, una organización no gubernamental en
Panamá. “Al final del encuentro, la policía había arrestado a 54
personas, de los cuales 13 eran menores de edad, incluyendo un bebé de
ocho meses”. Luego, según Lasso, la policía fue de casa en casa en Charco
la Pava, preguntando “violentamente” por los supuestos dirigentes de la
protesta; estos optaron por esconderse en la montaña pero la policía los
persiguió con helicópteros. “En esta zona, defender los derechos de las
comunidades se ha convertido en un crimen”, observa Lasso. Desde
entonces, alega, la construcción de esta hidroeléctrica “avanza a costa
de la fuerza policial”.
Esto ha escandalizado a las ONG internacionales que defienden causas
indígenas y ambientales. El Center for Biological Diversity, preocupado
por el aspecto ambiental, dice tener una red de 50 ONG que están
presionando para que se cancele este proyecto de represa y otros
parecidos. Jim Howe, profesor de antropología en el Massachusetts
Institute of Technology y autor de un excelente libro sobre los kuna,
está circulando una carta que tilda de “crisis” la situación en
Changuinola y pide apoyo financiero para una ONG llamada Cultural
Survival, que defiende los derechos de los ngöbe.
El viernes entrevisté por teléfono a Ellen Lutz, directora de Cultural
Survival; le pregunté cuál es su meta con respecto a este proyecto y me
gustó mucho su respuesta: “Queremos que detengan la represa hasta que el
gobierno negocie de buena fe con esta gente, para buscarles una solución
razonable a sus futuros”, señaló Lutz. Ella subrayó que, en estos casos,
los pueblos afectados tienen derecho a ser debidamente informados,
consultados e incluidos en el proceso de resolución, y a que se valore y
respete el derecho de preservar su estilo de vida tradicional. Lutz
asegura que los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
protegen todos esos derechos y que las ONG involucradas llevaran el caso
al sistema interamericano si la Corte Suprema de Panamá no responde
pronto al amparo que le fue presentado en diciembre.
En otras palabras, activistas como Cultural Survival no necesariamente
piden la cancelación del proyecto (si las objeciones ambientales resultan
tener solución). Lo que piden es que el gobierno panameño sea justo –no
abusivo– con los afectados, que proceda con el debido respeto por los
derechos ciudadanos, sin atropello policial y sin pisotear a los sectores
humildes. Si tuviéramos un presidente genuinamente comprometido con los
derechos del pueblo, esto no sería demasiado pedir.
La autora es corresponsal de ‘La Prensa’
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En un país serio, democrático y con respeto a la ley, no tenemos por qué
invocar el poder de un presidente para detener una masacre social y
ambiental. Si se respetara simplemente la ley, hoy AES Changuinola, no
debería estar allí, haciendo el daño que están haciendo.
Allí en problema no sólo es de desplazamientos forzados y engañados de
indígenas, que es un asunto grave, sino que este es un sitio patrimonio
natural de la humanidad, ya que es un Bosque Protector, una Reserva de la
Biosfera, un corredor biológico altitudinal, una parte clave del corredor
biológico del caribe panameño y es área de amortiguamiento clave del
Sitio de Patrimonio Mundial de la Humanidad reconocido por la
UNESCO.
Estos proyectos hidroeléctricos no caben allí y punto. Decir que una
negociación de buena con fé con el Presidente de la República incluido es
jugar a las dos aguas y yo creo que ya estamos grandecitos para eso.
El Estado de Derecho debe respetarse y no debemos estar esperanzados en
la buena fé de un persona que está a años luz de comprender con
racionalidad cuáles daños graves le causa a la gente con la corrupción
que campea el auspicio oficial de hidroeléctricas en áreas
protegidas.
El Estado de Derecho no permite que se le haya dado concesiones a AES en
este majestuoso patrimonio natural y sitio de asentamientos de indígenas
Ngobes, que en 50 de residir en esos lares, no han destruido este
majestuoso ecosistema, sin embargo AES en menos de 12 meses ha destruido
y destruirá invaluables tesoros naturales, en nombre de la gula
energética para exportación que desea. Viva el monopolio de AES en
Panamá.
Olvidémonos de las fuentes de energías alternativas reales. Viva la
corrupción y el juego vivo, y actuemos de buena fe con un presidente que
no comprende ni comprenderá la dimensión ambiental, ni social por escasez
de tiempo para asimilarlo.
Burica Press